Llegó La Aura a mi desolada caverna. Llenó de calor tenúe cada rincón, suavizando el tacto emocionó cada milímetro de rugosa textura a mi alrededor. La Aura avanzó intempestivamente, armonizó con belleza la tortura intrínseca a mi soledad innata y me recogió sin más del suelo húmedo de tanta lágrima.
La Aura vive en el paraje solar, rocía con eficacia los elementos químicos respirables en la atmósfera y permite mirar la gloria a cada segundo. No importa cuánto quede atrás irrecuperable, La Aura todo lo puede hacia adelante, así que puedo exclamar con amplia sonrisa: ¡Muerte a lo pretérito!
Bienvenida Aura, La Aura. Hoy nos son comunes el sol y todos los misterios propios de una existencia golpeteada. Hoy seré menos libre pero más yo.

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