Piel de arena fina, alumbrada en la horizontalidad de la noche, crepúsculo rotundo en el corazón de la paranoia y la confusión.
Piel de extrema delicadeza, suavidad profunda sazonada con terrones de azúcar magnificados por claroscuros sembrados por azar bajo la cortina.
Perfección lineal, madurez. Agitación desbordante, sudor en fragancia parisina.
Ojos de lluvia enmarcados con mariposas. Volando a mi alrededor, soñando con el silencio.
Fascinación. Amorío.
Voy a quedarme ilusionado con la magnificencia de las reuniones clandestinas bajo la sombra irreal de un ángel ovacionado pero confundido. Voy devolverle las alas, bendita compañía.
Myriam se fue. Almendrita se fue. Todos se van y heredan el convencimiento de una locura que me posee bajo pretexto de decir verdad. Siempre hay formas de justificar lo que no se debe.
Poema de la pérdida de la cordura.
Atrapado en un hilacho de secuelas profundas
el aroma de la piel selvática arriba por sorpresa;
y los nervios anudados bajo la camisa incolora
avanzan destrozados bajo nieve y ácida lluvia.
Antilocura hiriente, perpetrador símbolo de moralidad invertida.
Una cruz de olvido en la tersa espalda,
suave y famélica atracción, hipnotismo brutal explotando vísceras.
Perfección en vientre. Perfección en talla, labios y feromonas.
Habitaré la nave unos años más
y regresaré a dónde nunca debí haber salido.
Spiralidocoo. Suspiro enigmático en clandestina relación.
Ángel.
Descripción de un ángel caído.
Publicado por
Armando Ortiz Valencia
Clase de valor:
Lou,
prosapoema,
Rumbo nuevo

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